Nº de registro Sanitario C.2.2/5831

La influencia del apego

Una de las ideas que procuro tener en la cabeza a la hora de poder trabajar en la consulta son los vínculos de apego.

Tanto si trabajo con familias como si trabajo a nivel individual, no perder de vista los vínculos me parece algo fundamental. Al igual que me parece fundamental poder explicarles a ellos qué son y qué función han podido tener en su vida.

En estas líneas trataré de contaros qué es lo que me gusta explicarles a “mis pacientes” para que entiendan la importancia de establecer unos buenos vínculos de apego.

Un bebé viene al mundo provisto de una serie de conductas instintivas que le predisponen a formar vínculos afectivos que favorecen su supervivencia, y las conductas de apego son una de ellas.  La sonrisa, la presión, el abrazo, el llanto… sirven de reclamo a los cuidadores cuando se siente en peligro, creando unos patrones de interrelación que formarán los vínculos de apego que le conducirán a buscar la proximidad y el contacto con un ser más fuerte, maduro y experto, que pueda proporcionarle protección y hacerle sentir seguro.

La seguridad percibida es la base de todo el desarrollo posterior de un niñ@, que se mantendrá en la vida adulta. Sentirse seguro es uno de los objetivos más importantes que tiene que cubrir el ser humano. Reducir la amenaza y crear seguridad es una de las funciones básicas de la mente humana, y depende del cerebro reptiliano (acción/reacción); no se piensa, se lucha, se huye o se queda paralizado. Una vez se ha adquirido o garantizado la seguridad, ya se puede explorar y a partir de ahí razonar (utilizar el neocortex). La interacción cuidador-bebe, va a producir cambios duraderos en el cerebro del niñ@, es la responsable de la correcta maduración del sistema límbico de éste, base de la regulación afectiva y afecta al desarrollo de los estilos de apego y a los patrones de regulación afectiva.

Hasta los 3 años de edad la presencia o ausencia real de la figura de apego en una situación donde el niñ@ siente miedo es fundamental. A partir de ahí se desarrollará la confianza o desconfianza relacionada con la disponibilidad y la capacidad de respuesta de la figura de apego.

Un niñ@ se sentirá seguro solo si dispone de unos cuidadores que se responsabilizan de él, si siente su presencia, su disponibilidad, su cariño y su ayuda (y/o apoyo)“siempre que la necesite”. Y esto hará que sea mucho menos propenso a experimentar miedos intensos o crónicos.

De ahí que el entorno familiar sea un contexto importante en el desarrollo cerebral e inmunológico del bebé.

En función de la respuesta del cuidador, el niñ@ va aprendiendo qué estrategias de conducta son más útiles para lograr ver satisfechas sus necesidades de apego (Delius, Bovenschen y Spangler, 2008), así potenciará unos comportamientos y dejará de utilizar otros.Pero el cuidador no solo es importante para dar seguridad, sino también para ayudar al niñ@ a interpretar lo que siente, a darle nombre y a poderlo gestionar. Los cuidadores actúan como un organizador de la mente de su hijo.

Los niñ@s van a interpretar su mundo interno y el mundo externo en función de la interpretación de los cuidadores hacia los sucesos importantes de las experiencias que le vayan sucediendo. Así las figuras de apego influyen en los modelos mentales a través de la calidad del cuidado que proporcionan y de las interpretaciones que realizan de los sucesos que les ocurren a los niños, en el contexto que comparten con ellos.

Si tengo un concepto positivo de mi figura de apego, tendré un concepto positivo de mí y pensaré que el mundo no es peligroso.

Cuando un bebé se siente lo suficientemente seguro, pude comenzar a explorar su mundo. Puede descubrir quién es a través de los ojos, la cara, la voz, los gestos y el tacto de sus progenitores (cuidadores). Su autodescubrimiento implica el descubrimiento del impacto que está ejerciendo en sus figuras de apego. Para después poder explorar y descubrir el mundo exterior.

En la familia el niñ@ encuentra la ayuda necesaria para adquirir una cierta soltura y desarrolla confianza en sus propias capacidades, para aventurarse a explorar y conocer el exterior con cierta garantía de éxito. Tiene que haber un equilibrio entre apego y exploración.

El niñ@ necesita libertad y confianza para conocer y explorar su mundo, necesita sentir la seguridad de que cuando lo haga puede volver en busca de protección y consuelo (si lo necesita) y espera que su cuidador se haga cargo de forma comprensiva y cariñosa.

Para poder ofrecer un apego seguro es necesario que el cuidador pueda autorregularse, sepa corregular, pueda conectar con sus emociones y necesidades, y también conectar con las emociones y necesidades del niñ@, para que éste pueda “sentirse sentido”.

La capacidad de regulación empieza con la regulación del cuidador. El bebé llora y se queja, el cuidador cubre su necesidad y el bebé se calma. Es un proceso principalmente no verbal, que solo puede darse cuando cuidador y bebé están relajados y conectados.

Los cuidadores que saben reconocer sus emociones, y que pueden tolerar y entender una amplia gama de emociones en sí mimos, aprenden más rápido a detectar las necesidades que el niñ@ tiene según el tipo de llanto o las señales no verbales. No se incomodarán tanto ante la conducta del niñ@ y se dispararán menos ante determinadas señales.

Cuando los cuidadores no ayudan a un niñ@ a calmarse o no saben ayudarlo a calmarse o a amortiguar sus emociones, los niñ@s aprenderán a desconectarse o a evitar sus emociones.

Para dar seguridad, el cuidador también tiene que saber reducir el estrés y estar disponible parte del tiempo, hacerse cargo de sí mismo, identificar sus reacciones ante situaciones difíciles con los niñ@s y analizarlas (¿por qué me siento así?) para poder hacerse cargo. Una vez que el cuidador esté calmado, podrá conectar con el niñ@ (¿qué está sintiendo? ¿qué necesita?) para regularlo, calmarlo, cubrir su necesidad y darle una solución desde el cariño y la aceptación.

Cómo nos vinculamos hoy tiene que ver con cómo hemos aprendido a vincularnos en nuestro entorno familiar. En función de cómo nos cuidaron y nos vinculamos con nuestros padres tendremos un tipo de apego u otro y seremos adultos más seguros o inseguros a la hora de relacionarnos con los demás y de afrontar la vida que nos toque vivir.

¿Quién es Magda Cubel?

Magda es una grandísima terapeuta, con más de 30 años de experiencia. De su extenso currículum podemos destacar que es Especialista en Psicología Clínica. Especialización en psicología clínica infantil (INVESTE 1989). Master en intervención psicopedagógica en la comunidad escolar (INVESTE 1993). Master en psicología jurídica y peritaje psicológico (1995-1993). Master en psicología clínica. Centro de terapia de conducta  (1999-2001). Especialista en medicina de los trastornos del sueño (Universidad Complutense de Madrid, 2003-2004). Master oficial universitario pata la formación e investigación Universitaria (Universidad Católica de Valencia 2009). Terapeuta EMDR (2009-2010). Terapeuta familiar (Fase 2, 2012-2017).

Magda es luz para sus pacientes y sabiduría pura para los compañeros que tenemos la suerte de dejarnos acompañar por ella.

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