Nº de registro Sanitario C.2.2/5831

Estar en casa, sentirse en casa: la familia como lugar seguro

Por Gema García Marco

“Antes siempre quería escapar, pero ahora cuando estoy en casa me siento en casa”

(E. 16 años)

Cuando una persona inicia un camino terapéutico, lo sepa o no, en ese momento viene acompañado/a de toda su familia.

Si esa persona es adulta trae en su mochila de la vida legados familiares, normas, creencias, rituales, lealtades… y muchas otras cosas que heredó de su familia de origen y que tendremos que revisitar para poder decidir si quiere guardarlas en un cofre (como algo que fue valioso para su familia en un momento dado pero ya no lo es para él/ella ahora) o si lo sigue llevando consigo como parte de un equipaje que le ayuda a afrontar mejor su vida presente.

        Si esa persona es un niño o un adolescente, es muy probable que para poderle ayudar tengamos que citarles a todos juntos en algunos momentos. En ese punto, sobreviene una pregunta clave: según cómo se la planteen, las familias pueden vivir su implicación en el proceso deformas muy distintas.

¿Estamos aquí por culpa de la persona que tiene el problema? O ¿Estamos aquí gracias a la persona que tiene el problema?

Algunas familias pueden ver enseguida que trabajar algunos aspectos de la vida familiar puede ser de ayuda para todos y no sólo para la persona que ha llegado a consulta. Sin embargo, otras familias pueden sentirse amenazadas por el hecho de que les citemos a las sesiones. No podemos culparlas por ello: es importante que nos acerquemos a esta resistencia con curiosidad, amabilidad y toda la compasión que nos quepa. Si entendemos qué es lo que les resulta aversivo o amenazante podemos ayudarles a disolver ese malestar y empoderarles para el cambio.

¿Qué tipo de resistencias nos solemos encontrar?

  • Desconocimiento. Si, a veces es tan sencillo como eso. Muchas familias no entienden la importancia crucial que como figuras de apego tienen para el desarrollo emocional de sus hijos. Todavía no son conscientes del enorme potencial de cambio que reside en ellos: tienen un tesoro valiosísimo y no lo han descubierto todavía. Preciosa labor la nuestra, afortunados nosotros que podemos ayudarles a darse cuenta de todo ese valor relacional que (de momento) está sin explotar.
  • Vergüenza. Este es otro de los motivos por los que a la familia puede costarle aceptar implicarse en terapia. Llegar a un lugar y hablar sobre las cosas que no van bien en casa pueden conectarles con la sensación de “no ser buenos padres”, o “no estar haciéndolo suficientemente bien”. Evitar esta situación les ayuda a regular estas emociones y sus cogniciones asociadas, que impactan directamente en su autoconcepto. Por tanto, es muy importante explicarles y hacerles sentir de forma genuina que entendemos que hacen las cosas lo mejor que pueden, lo mejor que saben dadas las circunstancias pasadas, presentes y los legados transgeneracionales que llevan en su mochila (cómo hicieron las cosas con ellos en sus familias de origen), y que desde ahí, desde ENTENDER qué está ocurriendo es desde donde podemos empezar a redirigir y ayudarles a cambiar las pautas relacionales que están manteniendo el síntoma de quién ha llegado a consulta y que probablemente les estén generando malestar a ellos también.
  • Miedo al juicio. Este punto está absolutamente relacionado con el anterior. Algunas personas creen que los psicólogos somos una especie de jueces  que andamos juzgando a los demás y dando o quitando razones. Pues…. ¡nada más lejos!

¿Qué hacemos en terapia familia? Lo primero encontrar las potencialidades y recursos que la familia ya tiene, después ENTENDER y ayudarles a entender a ellos el mapa de lo que está ocurriendo para después diseñar un plan de intervención ajustado a sus necesidades. Es como si les subiéramos en un helicóptero y les ayudáramos a ver el bosque completo, no sólo el trocito de territorio que ellos estaban viendo en ese momento. Ampliamos su visión para que puedan ser conscientes de cómo los movimientos de cada uno afectan al resto, y viceversa. No estamos aquí para buscar culpables, sino para comprender y desde ahí acompañarles a encontrar soluciones.

  • Secretos. En ocasiones las familias guardan secretos, temas que son cruciales en el funcionamiento familiar pero que guardan tras los muros de casa porque están envueltos en sentimientos de culpa, vergüenza, lealtades invisibles… Son secretos que marcan el son de cómo funcionan los papás o cómo funciona la familia en conjunto. Y a veces, muchas veces, les aterra tener que hablar de estos temas con un “extraño”, pues es por todos conocido que “los trapos sucios se levan en casa”. ¿O no?. Quizá sea hora de ir a la tintorería y dejarse ayudar con aquello que han vivido como una “mancha” y que necesita ser abordado, procesado y resuelto para que deje de teñir de angustia, miedo o rabia el clima familiar.
  • Miedo. En ocasiones las familias tienen miedo de poner encima de la mesa abiertamente los conflictos que pueda haber. Han pasado demasiado tiempo evitando los conflictos, guardando lo que no va bien debajo de la alfombra, con la esperanza de que desaparezca. El problema es que todo lo no resuelto permanece, tiñendo el clima familiar de una especie de calma tensa que puede saltar en cualquier momento. Detrás de estas formas de evitación del conflicto, de aparente armonía se esconde una auténtica fobia a la discusión ya que la familia temela separación y el distanciamiento. Parte de nuestro trabajo con ellos es ayudarles a entender que el efecto del afrontamiento de los conflictos, siempre que sea  calmado y asertivo, mejora significativamente la calidad de las relaciones y aumenta los niveles de intimidad entre ellos.

Los terapeutas necesitamos entender las resistencias, las dificultades que la familia encuentra para implicarse en el proceso. Junto a ellos, trataremos de salvarlas para poder hacer equipo frente al síntoma que les ha traído a consulta para poderlo resolver y para poder también mejorar todo aquello que estaba dañado o que les estaba dañando en la dinámica familiar.

La familia es hogar.

El hogar es ese lugar seguro al que llegamos buscando calma, confort, alegría…

El hogar es también es ese lugar seguro al que volvemos como el mejor refugio cuando las cosas van mal.

En el trabajo familiar buscamos justamente eso, entender qué ocurrió para que la familia dejara de ser un lugar seguro para alguno de sus miembros (o para todos ellos) y reactivar su potencial como lugar de calma y seguridad.

El objetivo final es que cuando todos estén en casa, se sientan EN CASA.

¿Quién es Gema García?

Antes de que comenzásemos a tener relación, Gema era una profesional a la que yo admiraba enormemente y de la que aprendía sin parar a través de sus artículos y publicaciones. Hoy día me siento feliz de poder llamarla amiga.

No sólo tiene una trayectoria espectacular: amplia experiencia como psicoterapeuta individual y grupal, terapeuta familiar acreditada por la FEATF, terapeuta especializada en TCA, Máster en Trastornos Alimentarios y Trastornos de Personalidad, Máster en Psicología Clínica, diversas formaciones en apego, trauma, regulación emocional y los desafíos en terapia familiar, terapeuta EMDR con especialidad en EMDR y TCA, responsable del grupo de trabajo de trastornos alimentarios y
obesidad del Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Valenciana, miembro de diferentes sociedades de psicoterapia, docente de grado y máster en la Universidad Católica de Valencia y en diferentes cursos y jornadas y, además, escribe y divulga de una forma que te llega al
corazón.

Además de todo esto, es una profesional comprometida, responsable, honesta, rigurosa y tiene todas las cualidades personales necesarias para ser una grandísima terapeuta. Gema es una de esas personas con una luz especial, una luz que atrapa pero no deslumbra; es de esas personas que con su brillo logra hacer brillar a los demás. Y eso no sólo es un gran don,
eso deja ver el maravilloso ser humano que es.

Es cercana, humilde, empática, dulce… ¡os juro que es la persona más validante que he conocido jamás! De la suma de sus cualidades personales y sus capacidades profesionales solo puede salir una fantástica terapeuta, al lado de la que caminar y crecer es un verdadero honor y placer.

Gema es, también, la mitad perfecta en nuestro proyecto conjunto dirigido a terapeutas Un Lugar Seguro.

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