Nº de registro Sanitario C.2.2/5831

¿Cómo sabemos qué le pasa a un paciente y qué tenemos que trabajar en la terapia?

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Sabemos que la psicoterapia es un camino a recorrer y el destino es la consecuencia de haberlo recorrido, pero ¿cómo sabemos cuál es el camino correcto? 

Necesitamos trazar una hoja de ruta e interpretar ese mapa mientras acompañamos al paciente en su propio camino, ayudándole a recalcular la ruta cuando sea necesario, a interpretar el mapa o a recordarle los motivos de haber iniciado ese camino en los momentos más duros. Hacemos todo esto (y mucho más) y mientras lo hacemos nos recordamos a nosotros mismos que no podemos recorrer el camino por el paciente, sino únicamente ofrecer guía y acompañamiento.

¿Cómo trazamos la hoja de ruta?

Para trazar la hoja de ruta debemos entender qué le pasa al paciente y para ello es imprescindible la conceptualización del caso. La formulación clínica es un mapa que orienta al terapeuta en la comprensión e intervención sobre el caso, y permite llenar el vacío que existe entre diagnóstico y tratamiento (González-Bravo, 2009). Conceptualizar el caso implica comprender qué le sucede a un paciente en particular y por qué, dándole un sentido dentro de su historia. Una buena conceptualización nos permitirá planificar un tratamiento ajustado a las necesidades del paciente.

Algunas de las cuestiones que debemos tener en cuenta para conceptualizar el caso son:

  • Historia de vida
  • Historia del síntoma
  • Motivo de consulta
  • Genograma y vínculos
  • Terapias anteriores
  • Estrategias de regulación
  • Defensas
  • Recursos del paciente
  • Objetivos y necesidades del paciente

Es indispensable, pues, recabar con pulcritud la información necesaria que nos permita trazar este mapa. Dice Cilo Adrián (2023) que muchas experiencias relevantes para una buena formulación de caso pasan con frecuencia desapercibidas en la exploración, y los pacientes no suelen identificarlas como problemáticas.

Destaca como experiencias potencialmente traumáticas menos aparentes (fallos por omisión), los siguientes grupos:

1. Respecto de la estabilidad (imprevisibilidad: disponibilidad de apoyo y contención).

2. Respecto de la confianza (engaño, mentira, manipulación, perjuicio) .

3. Respecto de la provisión de cuidados (atención, afecto, cariño, compañía), de empatía (comprensión, escucha, juego compartido), de protección (guía, consejo, inversión de roles) y de elogio y respeto.

4. Respecto de los roles y estándares.

Siendo así, debemos estar atentos a aquellas experiencias más sutiles que pudieran estar en la base de las dificultades del paciente y, por ende, explicar sus síntomas y ser objeto del tratamiento. Sin embargo, es importante que no caigamos en la trampa de revisar con lupa el caso y olvidarnos de nosotros mismos. En la evaluación o exploración no debemos desatender a los aspectos del terapeuta que puedan interferir a la hora de formular: la formación del terapeuta, su modelo teórico, su propia historia de vida, defensas, resonancias y contratransferencia con el caso pueden arrojar oscuridad o puntos ciegos sobre este proceso de exploración o generar sesgos a la hora de construir el sentido del caso y su intervención correspondiente. 

Es importante analizar el caso y revisarnos nosotros mismos a menudo, y no solo en las etapas precoces del tratamiento, para evitar incurrir en errores y/o poder reajustar o reconducir el tratamiento de la mejor manera. Leeds (2013) señala que una conceptualización del caso o unos planes de tratamiento inadecuados pueden llevar a varios tipos de complicaciones. Por ejemplo (a) tener que alterar frecuentemente el foco de atención cuando surgen recuerdos significativos anteriores durante el reprocesamiento o entre sesiones, (b) un mayor riesgo de respuestas no efectivas durante el reprocesamiento, o (c) la finalización prematura cuando los pacientes se desaniman por la falta de progreso.

Por tanto, conceptualizar un caso en psicoterapia es un proceso clave que ayuda al terapeuta a entender al paciente y desarrollar un plan de tratamiento efectivo. De una conceptualización ajustada dependerá el desarrollo de un plan de tratamiento que se adapte a las necesidades específicas del paciente y de solución a los síntomas o conflictos internos que le traen a consulta.

Pero no sólo eso, conceptualizar el caso ayuda al terapeuta a comprender al paciente y a éste a comprenderse a sí mismo, a comprender que sus emociones o síntomas tienen un sentido dentro de su historia particular. También promueve la colaboración entre ambos, al tener un marco común y proporciona una estructura para evaluar y reevaluar el proceso y los progresos.

En definitiva, la formulación de caso es una parte básica del proceso y de su idoneidad depende en gran medida el éxito de la terapia. Conceptualizar casos es un arte, pues requiere de hilar muy fino e integrar información explícita e implícita. Es algo fundamental, que vamos perfeccionando con la práctica, pero que pocas veces nos enseñan en los años de universidad como un proceso  definido.

Es por esto, que desde la Escuela El Faro estamos organizando un curso para ayudarte a conceptualizar tus casos de la forma más ajustada y llevar a cabo las intervenciones más idóneas. En este curso, además, te propondremos que no te quedes solo con lo visible. Es por eso que juntos miraremos “Más allá de la conceptualización” de la mano de una docente inigualable.

Nos vemos en septiembre de 2023.

Referencias

Caro, C., & Montesano, A. (2016). UNA MIRADA A LA FORMULACIÓN DE CASO EN PSICOTERAPIA: INTRODUCCIÓN CONCEPTUAL Y PERSPECTIVA DE FUTURO. Revista de Psicoterapia, 27(104).

González Bravo, L. A. (2009). Formulaciones clínicas en psicoterapia. Terapia psicológica, 27(1), 93-102.Leeds, A. M. (2013). Guía de protocolos estándar de EMDR para terapeutas, supervisores y consultores. Desclée de Brouwer.