Nº de registro Sanitario C.2.2/5831

El terapeuta atento

Copia-de-Clínica-cabal

Dentro de la Psicología son conocidos diferentes modelos y corrientes terapéuticas, pero uno de los factores comunes más importantes para que una terapia resulte efectiva es la alianza terapéutica.

Son numerosos los estudios que demuestran que se obtienen resultados aproximadamente equivalentes en las terapias con procedimientos distintos, lo que indica la existencia de factores comunes en todas ellas. Entre estos factores comunes se encuentra la relación o alianza terapéutica. (Miró y Simon, 2012; Siegel, 2012).

Se entiende por alianza terapéutica la relación de colaboración que se establece entre el paciente y su psicoterapeuta, incluyendo los lazos afectivos entre ambos, como la confianza mutua, el agrado, el respeto y la compresión (Platt, 2008). Son muchos los teóricos y clínicos que apuestan por la relación terapéutica como el verdadero factor “sanador” de la psicoterapia. Por tanto, las características y actitudes del terapeuta, toman gran protagonismo para facilitar un adecuado vínculo con la persona con quien se está trabajando y desde ahí, estar más próximos al éxito terapéutico.

Entonces, ¿qué hace que un terapeuta sea más eficiente, en definitiva, que sea un mejor terapeuta?

“Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana.”

Carl Gustav Jung

Como en la mayoría de los aspectos en la vida, la mejora o el éxito, no se deben a una sola causa, sino más bien al compendio y a la interacción de un conjunto de factores que influyen en la obtención de mejores resultados. Desde luego, uno de estos factores tendrá que ver con los conocimientos del terapeuta a nivel teórico y clínico, pero estamos de acuerdo con Jung en que el ser y estar del terapeuta es esencial. Por tanto, los conocimientos teóricos serían un factor necesario, pero no suficiente para alcanzar el éxito terapéutico.

Es importante tener en cuenta que, en función de la patología de la persona y de su estructura de personalidad, el terapeuta adoptará unas medidas u otras, para no repetir patrones o dinámicas disfuncionales con la persona que está en tratamiento. Por ejemplo, no será aconsejable que ante una personalidad dependiente o evitativa, el terapeuta, al inicio de la terapia transmita al consultante la necesidad urgente de ser autónomo y de exponerse  con inmediatez a las situaciones que hasta ahora evitaba por sus propios medios. Esto precisamente es lo que tanto temen y no se sentirán seguros con el tratamiento ni preparados para realizar esos cambios todavía. Del mismo modo, ante personalidades antisociales, no sería recomendable que el terapeuta se muestre demasiado autoritario o directivo, aunque sí marcar desde el principio unos límites y compromisos mínimos a cumplir.

En cualquier caso, y teniendo siempre en cuenta la individualidad de cada paciente, en este texto se destacan algunas habilidades generales que se consideran fundamentales en el terapeuta, es decir, que en términos generales, la presencia de dichas características favorecerá el trabajo y generarán un clima cómodo y beneficioso para ambos.

Estas características son las siguientes: 

  • Los terapeutas Atentos. La capacidad de estar “presente” durante la sesión y mantener el foco de la atención en el aquí y en el ahora, permite que el terapeuta perciba mejor los sentimientos y estados mentales del paciente, para reflejárselos y estar en sintonía con él en ese preciso momento. Esta atención plena fomentará una conexión emocional fundamental para reparar las heridas emocionales.

  • Los terapeutas Pacientes. En un proceso terapéutico se requiere tiempo para lograr los objetivos planteados, cada individuo por el hecho de ser único, necesitará un tiempo determinado y el terapeuta debe acompañar, no precipitarse ni mostrar impaciencia o decepción si esos progresos no llegan pronto. La paciencia, se presenta aquí como una habilidad para estar en calma ante las dificultades de la terapia. En un proceso de cambio se atraviesa por diferentes fases y hay que contemplar siempre la recaída o caída, como parte del proceso, transmitiendo a la persona que ese retroceso es en realidad una oportunidad ideal para seguir progresando y aprendiendo. Es importante que el terapeuta lo sienta y piense así también para transmitirlo auténticamente.

  • Los terapeutas con actitud de no juicio. Ser un terapeuta no juicioso, permite trabajar más libremente y ampliar el foco de trabajo. Los juicios limitan la visión de la realidad, y ser consciente del impulso, casi innato, que tienen los humanos para etiquetar las cosas como buenas o malas, da la oportunidad de controlarlo y abrir la mente a perspectivas más neutras. Desde este prisma más objetivo e imparcial, terapeuta y paciente encontrarán más oportunidades funcionales desde las que trabajar.

  • Los terapeutas que aceptan incondicionalmente.  Por otro lado, mantener una actitud de aceptación durante la terapia, ayuda a que tanto consultante como terapeuta se hagan cargo de las cosas como son en la realidad. Es muy común que las personas que acuden a terapia lleven años intentando solventar su sufrimiento, evitándolo, resistiéndose o luchando contra él, y estos mecanismos precisamente generan mayor sufrimiento y desgaste emocional.  Sin embargo, cuando se aceptan las situaciones que se viven, es decir, se consigue ser consciente de las dificultades, hacerse cargo de ellas y responder desde la calma; es más fácil adquirir una actitud proactiva. Si el terapeuta comparte esta visión de aceptación del problema, fomentará que el consultante experimente mayor calidez y  comprensión.

  • Los terapeutas Curiosos.  Resulta útil que el terapeuta no se vea así mismo como un “experto” en la relación, desde una postura dogmática y autoritaria, pues en realidad es gracias a la información que le aporte el consultante y a la colaboración que establezcan conjuntamente donde se conseguirán los mayores avances. Es recomendable, por tanto, que el terapeuta no dé las cosas por sentadas, pues la mente humana es muy diversa y siempre será mejor preguntar más, explorar, evaluar, cuestionarse, interesarse con curiosidad genuina para acceder a la información más verídica y acertada posible.

  • Los terapeutas CompasivosLa compasión es entendida como amabilidad, empatía, cercanía, y calidez. En un proceso terapéutico se trabajan aspectos diversos y dolorosos de gran intimidad, el profesional debe conectar genuinamente con el sufrimiento que sostiene la persona, para que ésta se vea arropada y entendida. El ritmo de vida que llevan las personas a menudo ya es demasiado frenético, exigente y competitivo; si el espacio terapéutico se convierte en un lugar seguro donde dar cabida a la amabilidad,  reconocer el sufrimiento y esfuerzo, frenar la culpa,  y además querernos por todo ello sin seguir exigiéndonos más y más, será en sí mismo terapéutico.

Todas estas habilidades terapéuticas, que se centran en la propia persona que las lleva a cabo, y que son independientes de la postura teórica,  reflejan la autenticidad del profesional, y ayudan a mantener la atención que el paciente necesita en cada momento.

Por tanto, es de suma importancia que los terapeutas seamos capaces de despojarnos de nuestros egos y resistencias y trabajar en nosotros con profundidad para convertirnos en aquellos terapeutas y personas atentas, pacientes, acríticas, aceptadoras, curiosas y compasivas que nuestros pacientes necesitan encontrar en nosotros.

¿Quién es Paula San Juan?

Paula y yo nos conocimos hace años ya, allá por el 2014, cursando el especialista en psicoterapia integrada de los trastornos de la personalidad en FUNDIPP, y a día de hoy es parte de mi equipo en Clínica Cabal. Ya entonces me conquistó su luz, sabiduría, y responsabilidad hacia el paciente. Además, es experta en mindfulness, formada en el Instituto de Psicología Integral Baraka (con el Curso de formación avanzada en competencias para instructores mindfulness). Ha colaborado como psicóloga y como coterapeuta mindfulness en la Fundación para la Investigación en Psicoterapia y Personalidad en Santander durante varios años y tiene experiencia en el campo de las adicciones, habiendo sido terapeuta del programa «jóvenes y drogas» de la Consejería de Sanidad de Cantabria durante tres años, atendiendo directamente a jóvenes entre 12 y 20 años y a sus familiares e impartiendo formación y asesoramiento a otros profesionales involucrados. Ahora está formándose también en psicoterapia infantil sistémica, dado que su interés en trabajar con menores y sus familias no para de crecer.

Como compañera es una persona muy especial, que aporta mucha paz y calma al equipo. Siempre tiene muy buenas ideas y está dispuesta a colaborar y ayudar en cualquier nuevo proyecto. Ante las dificultades, Paula siempre encuentra unas palabras amables y validantes que nos ayudan a todas a orientarnos hacia las soluciones. Es una suerte para mí tenerla en mi día a día y hoy, para todos, poder disfrutar de este post.