Nº de registro Sanitario C.2.2/5831

Vínculos que reparan

Curso seguridad (6)

Hoy es nuestro 15º aniversario

Para celebrarlo, este año, pondremos el foco en los vínculos y en lo enriquecedor de ellos. En los vínculos con vosotros, nuestros pacientes y entre nosotros como equipo.

Nuestro trabajo consiste en ayudaros a deshacer vuestros nudos emocionales y en ese quehacer, poco a poco, vamos tejiendo nuevos nudos sólidos, sanos y conscientes. Los vínculos son sanadores y son refugio, nos ayudan a crecer y a mirarnos con amor.

Es cierto que hay vínculos que dañan, pero también hay otros vínculos que reparan. Esos son los vínculos a los que queremos dedicar este aniversario.

Así que, para seguir cuidando y fortaleciendo nuestros nudos relacionales, os dejamos estas palabras de cada miembro del equipo.

Estamos agradecidas y orgullosas de todos vosotros y queremos hacéroslo llegar y compartirnos un poquito más. En cada año que cumplimos hay más corazones latiendo juntos

Gracias por confiar en nosotras y hacer posible que sigamos cumpliendo años y creciendo junto a vosotros y vosotras.

Paula Cabal

Todos estos años acompañando a mis pacientes me han hecho, sin duda, mejor terapeuta. Podría escribir una larguísima historia relatando el viaje desde la terapeuta que era hasta esa en la que me he convertido y desde aquí mira al horizonte con el deseo de seguir creciendo profesionalmente.

Pero no voy a hacerlo.

En estos años han sido muchas las personas que se han sentado frente a mí y han tenido la osadía de compartir conmigo sus historias y confiar en el proceso sin tener muy claro a dónde iba a llevarles. Ellos han sido muy generosos y valientes al hacerlo, así que yo quiero hacer hoy lo mismo, porque mis pacientes no solo me han enseñado a ser mejor terapeuta sino que me han hecho crecer como persona.

De ellos he aprendido a ser paciente, a no dejarme arrastrar por la prisa que este mundo exige. Me han enseñado que ser valiente tiene muchas caras y que quien se lanza al vacío de su mundo interno siempre hallará tesoros ocultos tremendamente valiosos. Poder ser testigo de sus historias me ha colmado de gratitud y me ha permitido desarrollar una mirada mucho más amplia y completa sobre la vida. Sintonizar en ondas mágicas y emocionarme con ellos me ha enseñado la increíble fuerza que reside en los vínculos humanos. Verles crecer y alcanzar sus metas me ha mostrado que las cosas que más disfrutamos y más nos enorgullecen no son cosas. Compartir con ellos todas estas experiencias me ha ayudado a resignificar el concepto de esperanza y a darme cuenta de que todos tenemos un poder interior muchísimo mayor de lo que somos capaces de imaginar o de sentir. También me han mostrado verdades incómodas, pero necesarias. Gracias, de corazón, por ayudarme a descubrirme a mí misma a través de mostraros sin máscaras.

Paula San Juan

En muchas ocasiones he conectado con el agradecimiento por la carrera que escogí y a la profesión a la que me dedico. Pero que esté pudiendo ser posible, es en una grandísima parte gracias a vosotros, que sois los que me permitís acompañaros.

Vosotros, con vuestra esencia, con vuestra historia, con vuestra forma de estar y ser en el mundo, habéis hecho posible que yo sea la profesional que soy ahora.

Vosotros, habéis dejado en mí una huella muy importante. Sois para mí unos grandes maestros de vida, y es que me encanta recorrer este viaje, junto a vosotros, en el que nos aportamos y retroalimentamos de enseñanzas y aprendizajes.

Yo también siento que crezco cuando vosotros crecéis. Yo también me empodero cuando vosotros os empoderáis. Yo también me atrevo cuando vosotros os atrevéis. Yo también me lamento cuando os afligís. Yo también me enfado si hay algo injusto sucediendo en vuestra vida. Yo también soy, con vosotros.

En el pasado, llegué a anhelar, cuando aún no era consciente de ello, alguna conversación auténtica con una mirada abierta, curiosa, sin miedo, receptiva, cargada de lenguaje emocional y de ideas y alternativas de solución y protección. Y ahora, si hecho la mirada atrás, reconozco que llevo 12 años pudiendo tener esas conversaciones auténticas, cada día, con vosotros. Y eso me llena, me apasiona y da sentido a mi vida y a quien soy hoy.

Así que, en este aniversario de Clínica Cabal, aprovecho para agradeceros TANTO. Y cuando digo tanto, lo digo con todas las letras, pues UNA PARTE DE MÍ Y DE MI FORMA DE SER ES GRACIAS A VOSOTROS.

Gracias por todo lo que me enseñáis. Gracias por todo lo que me emocionáis, me preocupáis, me sorprendéis y me retáis.  

Amo cuando descubro o me enseñáis vuestros talentos y vosotros también los reconocéis y os valoráis.

Me encanta cuando perseguís vuestro sueño y veo que os esforzáis todo lo posible para alcanzarlo.

Me emociona cuando creéis en vosotros y vais a por todas con determinación y firmeza.

Me apasiona ver vuestra evolución cuando venís heridos y dolidos, protegidos y escondidos  de defensas, pero que con el tiempo van suavizándose y aparece vuestra esencia radiante y fortalecida.

Admiro cuando habláis con gran honestidad y sinceridad de vuestras sombras sin reparo. Que valiente e importante verse y ser honesto a uno mismo.

Disfruto de vuestro ingenio, de la forma creativa y metafórica que encontráis para expresar y definir cómo os sentís.

Valoro cuando aplicáis en el día a día lo trabajado en sesión, cuando escribís en vuestro cuaderno lo que te parece importante recordar en los próximos días, cuando vienes con las notas de lo que quieres que hablemos hoy. Cuando te ha pasado algo bueno o malo y me mandas un email.

Aprecio mucho, cuando las cosas se tornan difíciles y encuentras muchos obstáculos, pero no tiras la toalla.

Celebro vuestra capacidad de esfuerzo, tenacidad, y ganas de alcanzar un mayor bienestar.

Gracias por demostrarme que el cambio es posible.

Mi creencia en el cambio es gracias a vuestro empeño, cuidado y dedicación en vuestros retos y proceso terapéutico.

Con esta fiel creencia de que el cambio es posible, puedo ayudar a otros a que también lo cultiven, así que también vosotros, de alguna manera, formáis parte del cambio de otras personas que también acompaño y que comparten el mismo despacho que vosotros habitáis.

Para este 15º aniversario, me gustaría destacar que TODOS, con nuestra existencia, somos  parte del cambio de los demás.  Os invito a dirigir esta energía de esperanza hacia vuestros corazones, como muchos ya sabéis hacer cuando cultivamos la amabilidad por nosotros y la compasión compartida.

Gracias de corazón.

Feliz aniversario a todos. Hoy es el aniversario de todos nosotros. Te felicito.

Rafael García

Cuando llega un paciente por primera vez a consulta, me imagino que vamos a comenzar una ruta juntos. Suelen llegar en medio de una tormenta y mi responsabilidad como terapeuta es hacerle sentir cómodo. Es ahí donde intentamos encontrar una ropa y calzado cómodo para empezar a caminar juntos. La ropa y el calzado suele ser insuficiente, a veces hace falta un buen chubasquero y un paraguas, y ahí estamos para acompañar y guiar, y que sea el propio paciente quién decida cuál le resulta más útil. Es habitual que suela ver un único camino pero desde mi perspectiva como terapeuta, debo mostrarle las alternativas que quizás son un poco más escarpadas y le va a complicar llegar a su destino aunque no va a estar solo, lo acompañaré..

Así es como siento que comienza el vínculo terapéutico: con cariño, comprensión y humanidad. Poco a poco (o como me gusta decirles a mis pacientes: “grano a grano”) la confianza y empatía ayudan a que se vaya labrando la relación con todo el respeto que merece el paciente.

Suelo comentarles que aunque no lo supiesen han comenzado una relación personal muy importante y lo que no se imaginan es que para mí también lo es. Va más allá de una hora dentro del despacho, nos acompañan a lo largo de la semana, fuera de ese sendero, fuera de esa ruta. Es una relación que hay que cuidar y mimar en cada paso que se da.

Gratitud, cariño y miradas que dicen más que cualquier frase, es lo que recibo a cambio. Lo recojo como el gran trofeo que es, no hay nada más valioso. Y orgullo es lo que les devuelvo cuando veo que avanzan y avanzan en el camino, cuando veo que la tormenta les da tregua y cuando por fin ven, el final de su ruta.

Laura Santamaría

Siento que cada historia que llega a terapia es una semilla llena de posibilidades. Algunas llegan con raíces débiles buscando tierra firme. Otras han crecido en suelos duros y necesitan descanso. Algunas florecen rápido, mientras que otras requieren de tiempo, paciencia y estaciones enteras de cuidado y mimo. Mi labor no es forzar su crecimiento, sino acompañarlas, crear un espacio donde puedan respirar, tomar oxígeno y encontrar su propio ritmo y dirección.

Pero con el tiempo, he comprendido que este jardín no florece solo por el cuidado que le brindo, sino también por la magia de los vínculos que nacen en él. Hay algo profundamente especial en el espacio de terapia: una mirada que comprende, un silencio que sostiene, un abrazo que arropa o una pregunta que abre nuevas puertas. Pero, sobre todo, existe un instante casi imperceptible en el que la confianza brota, permitiendo que alguien se muestre tal como es, sin miedo, y descubra que el cambio es posible.

Cada persona que acompaño me ha mostrado una perspectiva única del mundo. Y lo más hermoso es que, sin buscarlo, cada una de ellas deja en mí su propia semilla. Con cada historia aprendo sobre amor, sobre la belleza de la vulnerabilidad, sobre la fuerza silenciosa de quien decide seguir creciendo a pesar de la tormenta. Todo ello me recuerda que, aunque la teoría nos guía, es el vínculo lo que realmente transforma. Y así, sin darnos cuenta, vamos cultivando juntas un jardín donde no solo sanamos, sino que también florecemos.

Gracias.

Beatriz Fernández

Para mí, el vínculo siempre ha estado ligado a la presencia física. Cuando, por motivos personales, tomé la decisión de marcharme a Madrid, el bucle cognitivo fue inevitable. No compartir el mismo espacio físico supone un desafío: ¿cómo estar presente cuando no estás cerca?, ¿cómo sostener cuando no hay un gesto inmediato, una mirada cómplice en el pasillo, una pausa compartida entre sesiones o las cañas de los miércoles?, ¿cómo mantener la parte experiencial que todos los procesos necesitan?

El tiempo y mis compañeras se encargaron de mostrarme que todas mis preocupaciones no tenían fundamento. Nuestro vínculo persiste, porque no depende solo de la proximidad, sino de la intención. Se construye en las palabras que cruzamos, en los mensajes que nos recuerdan que seguimos formando parte de algo común, en la certeza de que el equipo sigue ahí, aunque haya kilómetros de por medio.

Desde Madrid, mi vínculo con la clínica se mantiene en ese equilibrio. En el saber que, aunque no esté físicamente, pertenezco. Que la distancia no borra lo compartido, sino que lo transforma. Y que, al final, el arte de vincularte no está en el lugar donde te encuentras, sino en la forma en la que eliges estar.

En terapia ocurre lo mismo. Hay quienes llegan con miedo a la cercanía, otros a la distancia: el espacio que les separa de los demás, el que han puesto para protegerse, el que hay entre el yo real y el ideal. Es ahí donde nos encontramos con el vínculo terapéutico, que sana, resiste, aprende, se adapta y sostiene.

En este trabajo, aprendo cada día que no hace falta estar al lado para estar presente. Que la conexión no se mide en metros, sino en intención. Y que, a pesar de la distancia, seguimos aquí.

Para el equipo. Para cada persona que confía en nosotras. Para acompañar, incluso cuando parece que hay un mundo de por medio. Sigue siendo una suerte inmensa formar parte de este proyecto. Feliz aniversario.

Aida Fernández

Si hago un recorrido de lo que es el vínculo con mis pacientes me voy primeramente a cómo me siento cuando tengo en mi agenda esa primera sesión con ellos. Siempre pienso en cómo se sentirá esa persona que va a acudir por primera vez a verme. Cuando voy conociendo poquito a poco vuestras historias, no puedo conectar más con la maravillosa capacidad que tiene el ser humano para superar dificultades y adaptarse. Ahora mismo, abriendo el cajón donde recojo los historiales, veo los nombres de cada uno de vosotros y las carpetas que recogen vuestras historias y reconozco que me he pillado con una sonrisa en la boca, por un lado, por lo afortunada que me siento de que todos vosotros estéis pudiendo confiar en mí y, por otro lado, por lo que voy pensando con respecto a lo que me llevo de cada uno. La verdad que lo tengo claro.

Diría que: orgullo (al ver vuestra capacidad para salir fortalecidos de situaciones difíciles u hostiles), admiración (por tener el valor de mirar de frente vuestras heridas), aprendizaje (por todo lo que me enseñáis; pues sí, yo también aprendo mucho de vosotros: de vuestras reflexiones, de vuestros trabajos, de vuestros hobbies, de vuestra creatividad, de los momentos en los que me confrontáis con lo que sabéis y me dais la oportunidad de ser más flexible y siempre poder ver más allá), alegría (porque conecto con nuestros momentos de humor en las sesiones y con lo ingeniosos que sois muchas veces) y empoderamiento (por cómo os reafirmáis cuando en lo relacional os devuelven invalidación y juicio y, también, por las veces que os escogéis por encima de todo). 

A los terapeutas nos insisten mucho en separar lo profesional de lo personal y, si bien hay parte de razón en esto, tengo que reconocer que no siempre me ha sido posible y quizás es algo que me resisto a cambiar pues, para mí, esta es mi manera de ser y de sentir esta profesión, y esto no es igual a “no desconectar del trabajo”, si no que al final, tiene que ver con que de algún modo vais dejando una pequeña huella en mí y es irremediable acordarme de las personas que acompaño si en mi vida personal me cruzo con cualquier estímulo que tenga que ver con vosotros (cuando veo algo que sé que os puede gustar o que tenga que ver con vuestro proceso, cuando visito los sitios que frecuentáis, cuando veo alguna película o serie que me recomendáis o cuando me pillo utilizando algunas de vuestras expresiones) y gracias de corazón porque el conocimiento y la formación pueden darme muchas herramientas, pero lo que verdaderamente me moldea como terapeuta sois vosotros. Así que celebremos estos vínculos que curan y que “co-construyen”.